viernes, 27 de julio de 2012

¡Atrapen el dióxido de carbono!

Este gas, el CO2, tiene muy mala prensa... Aunque no es el más influyente, es uno de los gases de efecto invernadero (GEI) y del que más se suele hablar junto al metano. Ya explicamos en otra ocasión que el vapor de agua, aparentemente inocuo, es mucho más peligroso para dicho efecto, y encima la tasa de evaporación es algo que no podemos controlar. Quizá la mala fama de este gas venga de que, a pesar de que hay fuentes naturales que lo producen, los seres humanos somos responsables en buena medida del aumento exponencial desde la Revolución Industrial. Por eso, se han planteado medidas para disminuir las emisiones de GEI, pero también de capturar el dióxido de carbono que se produce en las industrias. 

Para ello, se buscan lugares que puedan servir para "secuestrar" este gas. Se pensó en recurrir a los océanos, porque el dióxido de carbono es soluble en el agua, y buena parte del que emitimos entra en contacto con la superficie marina... generando algunos problemas medioambientales. El agua, en contacto con el gas, forma HCO3 (ácido carbónico) que provoca una progresiva acidificación del agua de los océanos. Esto no solo influye en la flora y fauna marinas sino que disminuye la solubilidad de dióxido de carbono. Es decir, que el mar que hasta ahora se mostraba como un aliado en paliar los efectos del gas, en poco tiempo estará fuera de juego...

Otra posibilidad, es "secuestrarlo" en organismos vivos, en concreto en las plantas (que por la fotosíntesis toman dióxido de carbono del ambiente), sin embargo, se sabe que esto no tiene un efecto grande a nivel global, a no ser que se trate de un bosque joven en crecimiento. Por eso, algunas compañías petrolíferas (me suena que BP), evitan pagar las tasas por emisión de dióxido de carbono, plantando árboles. 

Se ha considerado la posibilidad de almacenarlo en las bolsas petrolíferas ya explotadas (vacías), pero esta medida también tiene sus inconvenientes. Por un lado, que el dióxido de carbono es un gas, por lo que habría que buscar una manera eficaz de transportarlo sin que "se escape" a la atmósfera, así que se condensa y se lleva en camiones... lo que supone un riesgo considerable teniendo en cuenta que si se produjera un accidente el dióxido de carbono se encuentra muy condensado como para resultar tóxico para el hombre y el ecosistema. Además, una vez "secuestrado" en la ex-bolsa de petróleo se impone que en ese terreno han de evitarse las excavaciones que pudieran llevar a liberar de golpe una enorme cantidad del gas... En Ràdio Barcelona, en la sección de Amazings del programa "Qué feu que no dormiu?" de la cadena SER anunciaban que podría tener consecuencias en las placas tectónicas que conforman nuestro querido planeta y provocar movimientos sísmicos. Decían que haciendo un uso adecuado de esta técnica, no tendría por qué ocurrir nada, pero es otro riesgo a tener en cuenta.

Desde mi punto de vista, lo mejor sería evitar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera utilizando fuentes de energía renovables, y en el caso de emitir este gas usarlo como monómero en la fabricación de útiles y productos. No es tan sencillo pero con el tiempo seremos capaces (esperemos que no sea demasiado tarde). También se postula que si en vez de usar fuentes de energía fósiles (carbón y petróleo) empleásemos biomasa, es decir los residuos de explotación forestal y ganadera el balance emitido de dióxido de carbono sería nulo, puesto que estaríamos emitiendo lo que la biomasa "había tomado". En fin, que tenemos un largo camino por recorrer.

Este post participa en el XVII Carnaval de Química alojado en el blog Un geólogo en apuros
http://www.ungeologoenapuros.es/wp-content/uploads/2012/07/carnaval-quimica.jpg
Ununcuadio Uuq (2012). ¡Atrapen al dióxido de carbono! Ninguno DOI: 10.1016/B978-008044570-0/50164-1 ResearchBlogging.org

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