jueves, 16 de mayo de 2013

Nanomundo de la nanomedicina

La plata es un agente antimicrobiano tópico usado para ayudar a la cicatrización de heridas, y que se está investigando para tratar la dermatitis atópica. Hay muchos apósitos comerciales que presumen de contener plata nanocristalina y, por ello, que tienen actividad bactericida en un amplio espectro, pero actualmente se intuye que la plata es esencial para el organismo Staphylococcus aureus, que sería el verdadero responsable de la curación de la herida. Aunque también se están empezando a usar nanopartículas de plata para tratar enfermedades del tracto gastrointestinal con inflamación.

Vía
Las nanopartículas de plata entrarían dentro de la clasificación de partículas nanoscópicas inorgánicas, frente a otras formulaciones basadas en el carbono (fullerenos y nanotubos de carbono), y los conjugados poliméricos, dendrímeros y liposomas u otras composiciones lipídicas. Las nanopartículas inorgánicas más habituales en nanomedicina son las de oro, plata, los óxidos de hierro, las nanopartículas de sílice, y los quantum dots.

Al final estos nanotransportadores son materiales nanométricos (diámetro 1-100 nm) que pueden llevar múltiples fármacos y/o agentes de imagen; y que se investigan para aplicaciones como drug delivery, imagen, ablación fototérmica de tumores, detección de apoptosis, etc.

Las nanopartículas de oro se conjugan con proteínas y pueden ser reconocidas por los receptores celulares, siendo una forma de cuantificar la endocitosis en zonas tumorales (por el efecto EPR). Además hay algunas de estas que además de acumularse en tumores, se pueden activar por medio de un láser NIR (infrarrojo cercano) y así permiten la fotoablación del tejido tumoral sin dañar apenas el tejido sano circundante.

Las nanopartículas de óxido de hierro (SPIONs) están formados por un núcleo con partículas magnéticas (suele ser magnetita, o Fe3O4) recubierta con polímeros como el dextrano; y se emplean como agentes de imagen en la resonancia magnética. Al igual que el oro, también se pueden usar para ablación de tumores.

La introducción de las nanopartículas en nanomedicina plantea varios retos: se sabe que la toxicidad de los elementos o compuestos cambia con el tamaño y la forma; y más o menos se cumple que las partículas más pequeñas suelen ser más bioactivas pero también puede aumentar su toxicidad.

Las técnicas de imagen clínica han avanzado dramáticamente con la introducción de las técnicas SPECT/CT y PET. Los isótopos son importantes herramientas para diagnóstico y para monitorizar la terapia en enfermedades neurodegenerativas, inflamación y cáncer. Con el desarrollo de la nanotecnología, se ha abierto un nuevo campo que se conoce como “theranostics” o teranóstica y que consiste en fundir el método de diagnóstico con el tratamiento administrando un único medicamento. El campo “theranostic” está creciendo espectacularmente con el desarrollo de sistemas de distribución como liposomas, micelas, dendrímeros, nanotubos de carbono, que se pueden combinar con agentes de imagen (oro, plata, óxido de hierro y quantum dots).

Fuente
Los nanocristales semiconductores conocidos como quantum dots (QD) son nanopartículas fluorescentes, que ofrecen ventajas espectrofluorimétricas sobre las tradicionales moléculas orgánicas. Los QD tienen características de fluorescencia, 1020 veces más brillantes que las tintas orgánicas convencionales y además tienen una mejor fotoestabilidad. Esto les convierte en potenciales agentes de imagen en aplicaciones de diagnóstico basadas en fluorescencia. La mayoría de los tipos de QD se preparan originalmente en disolventes orgánicos; así que son insolubles en medios acuosos y por tanto en medios biológicos. Se ha conseguido funcionalizar los QD con ligandos más polares, pero que también reducen la fluorescencia y fotoestabilidad. Así que se planteó como alternativa transportar el QD en el interior de liposomas.

Los liposomas son, a día de hoy, la mejor forma establecida clínicamente de sistemas a escala nanométrica que se han usado para distribuir fármacos citotóxicos y antifúngicos, genes, vacunas, y también agentes de imagen.

Las vesículas liposoma consisten en bicapas lipídicas únicas o múltiples concéntricas (llamadas lamelas) que encapsulan un compartimiento acuoso. La biocompatibilidad, biodegradabilidad, toxicidad reducida, y la capacidad de manipular su tamaño y superficie comprenden el perfil excepcional que ofrecen los liposomas en comparación con otros sistemas de distribución. Como inconvenientes, cabe señalar el alto coste de producción, oxidación rápida de algunos fosfolípidos, y la falta de propiedades de liberación controlada de los fármacos encapsulados.

Las vesículas lipídicas bicapa se usaron primero como mímesis y modelo de membranas biológicas. La demostración de sus propiedades de encapsulación, y la notable semejanza estructural entre liposomas y membranas celulares en micrografías electrónicas, llevan a la conclusión de que los lípidos forman parte de las barreras de permeabilidad de membranas biológicas. La flexibilidad en la manipulación de tamaño y de composición de las vesículas lipídicas ha permitido su uso como modelo de membranas de plasma, y después como modelo de células vivas y para entender muchos fenómenos fisiológicos, como la difusión a través de membranas y las respuestas a varios agentes farmacológicos. Además, la posibilidad de reconstruir proteínas en la membrana lipídica que han sido estudiadas para el diseño de biosensores y así detectar y estudiar la interacción entre pequeñas moléculas y ligandos con los receptores de membrana plasmática. Los liposomas sirven como “contenedores químicos”: recipientes de reacción a nanoescala. Las dimensiones ultra-pequeñas del volumen de reacción puede conducir a la mezcla difusional rápida permitiendo el estudio de la cinética química rápida.

Fuente
Y ya existen medicamentos comerciales de formulaciones liposómicas como el Doxil ® que contiene doxorubicina que es un potente anticancerígeno. Después de localizar el lugar del tumor a través del efecto EPR, la capa de fosfolípidos exteriores liberan un agente anti-angiogénico, y la nanopartícula polimérica interior libera un agente de quimioterapia en respuesta a la hipoxia local (escasez de oxígeno).

Esta entrada participa en el XXV Carnaval de la Química alojado en el blog “ISQCH – Moléculas a reacción


Bibliografía

Duncan, R., & Gaspar, R. (2011). Nanomedicine(s) under the Microscope Molecular Pharmaceutics, 8 (6), 2101-2141 DOI: 10.1021/mp200394t

Peer D, Karp JM, Hong S, Farokhzad OC, Margalit R, & Langer R (2007). Nanocarriers as an emerging platform for cancer therapy. Nature nanotechnology, 2 (12), 751-60 PMID: 18654426

Davis, M., Chen, Z., & Shin, D. (2008). Nanoparticle therapeutics: an emerging treatment modality for cancer Nature Reviews Drug Discovery, 7 (9), 771-782 DOI: 10.1038/nrd2614

¿Y si...?

¿Y si Dios no fuera más que un loco peligroso? Quiero decir..., ¿y si lo feo, lo que objetivamente nos repugna a casi todos fuera bello e imprescindible a sus ojos? ¿Si tuviera la desfachatez de servirse de leyes biológicas darwinianas para que aparecieran los enfermos? ¿Y si tuviera alma de poeta y pensara en esas personas que el resto llamamos 'minusválidos' como inspiración para la belleza salvará al mundo de Dostoievsky? ¡Sería un grandísimo loco, si amara las existencias solo por los gemidos del alma de aquellos que no saben hablar! ¿Y si quisiera que sus vidas estuvieran dedicadas a decir piropos encendidos e inconscientes a una madre (mamamamamamamama), a Su Madre? El mundo estaría patas arriba entonces, pero a veces pienso que iríamos en la dirección correcta, quizá porque yo también soy un loco peligroso.

miércoles, 15 de mayo de 2013

martes, 14 de mayo de 2013

Microrrelato por la mañana

Salió del portal, y vio pasar el autobús por delante. ¡Mierda!, si corría hasta la esquina igual le daba tiempo a cogerlo... Por supuesto, ni pensar en el paso de peatones, atravesó la calzada corriendo...justo detrás de un coche que ni había visto. Pudo morir o al menos ser atropellado, pero lo que realmente ocurrió fue que alcanzó el autobús justo a tiempo. Y mientras buscaba el bonobús pensaba para sus adentros en la gran imprudencia de todas las mañanas, en especial la de ese día. Y también fue consciente de que no estaría tan impactado si su relación con la muerte no hubiera sido tan íntima tiempo atrás, cuando la loca idea del suicidio y esas cosas.

lunes, 13 de mayo de 2013

Tarde marina

La poesía es cultura. Si quieres conocer más acerca del haiku, te remito al único libro al respecto que he leído. Los tres son de ayer en la playa de La Barceloneta. Me encantaría inaugurar una sección poética dentro de este Carnaval ;)

Crujen las patas
al comer el cangrejo
en mi boca el mar.

*

La espuma es como
la orilla de un vestido.
Se acerca la ola.

*

Tantos azules
debajo del cielo azul
cuando miro el mar.

Este post participa en la V Edición del Carnaval de Humanidades acogido en Pero eso es otra historia

miércoles, 8 de mayo de 2013

Espacios infinitos

Con el título me refiero a aquellos espacios que sin ser infinitos lo parecen, o al menos me hacen sentir pequeña, distinta, ‘en tensión’ entre dos fuerzas ocultas cuando estoy en ellos. Quizá el primero que deba ser nombrado, y en que puede que concordemos bastante gente es el mar. Para mí tiene algo hipnótico. Contemplar el cielo de noche podría ser el segundo. En general, si va por delante la palabra contemplar hay muchos que entrarían en la categoría de espacios infinitos.


Pero no siempre están relacionados ‘del todo’ con la palabra contemplar. En mi caso, tienen mucho que ver con los libros, aunque entonces quizá estemos en tiempo infinito y no en espacio infinito. Cada mañana, cuando me tomo mi tazón de leche con cereales, aprovecho para leer unos minutos. En proporción pueden desestimarse del total de 24 horas, pero a falta de otra compañía mejor, a mí me dan la vida. Hacen que llegue al despacho o al laboratorio de otra manera distinta, y por supuesto, mejor. No siempre tengo la suerte de quedarme enganchada en esos dos minutos, pero la mayoría de las veces sí, así que continúo leyendo en la parada de autobús, y en los escasos 5 minutos que dura mi trayecto si no hay huelga o demasiado tráfico. El autobús, aunque depende del día, suele ir bastante lleno. Me cuesta mantener el equilibrio entre los tupper de comida, la cartera, y el libro abierto (algún día de estos me pegaré un señor batacazo). A veces va tan lleno, que no se puede avanzar, y estamos pegados al conductor y a la ventana de delante. Es entonces cuando experimento la tensión entre dos fuerzas (obviamente cuando voy apretada con otros estudiantes, no siento una llamada tan poderosa): el libro me invita a leer unos minutos, y la ventana a mirar y contemplar el cielo que por aquí parece siempre ser muy, muy azul y no gris como en Pamplona.

Un espacio infinito por excelencia son las bibliotecas públicas. Me hace sentir infinitamente rica tener acceso a semejante colección de libros, e infinitamente pobre porque no podré leer todos los libros buenos en esta vida. Por supuesto que me encanta ir a la biblioteca a saquearla con regularidad, pero a la vez se me hace costosa la elección. Un personaje (el Loro) de la novela de Gerald Durrell El paquete parlante (puede que junto a La Historia Interminable, fuera una de las que leí más veces) tiene el encargo de pronunciar una vez al año todas las palabras que existen en el diccionario, aunque él procura emplearlas más veces y que así puedan hacer más ejercicio. Algo así experimento en una biblioteca: normalmente voy buscando ejemplares muy concretos que vienen de mi lista de libros hecha de recomendaciones y método de las cerezas, pero siento como si desde los estantes me llamaran los compañeros. Y cuanto más viejo está un volumen y poco usado, más siento la trepidación de conocer su historia: la que lleva escrita, y ojalá que también la de sus andanzas como libro de biblioteca pública.

Lo que ha empezado como un relato literario de mis experiencias personales, toma ahora el cariz de unas reflexiones para el Carnaval de Humanidades. Estuve en una conferencia acerca de las humanidades en el siglo XXI, cuando aún vivía en Pamplona: no logro recordar el título, ni los nombres de los ponentes ni quién la organizaba. Si me acuerdo más o menos de cómo transcurrió el debate y las intervenciones de la mesa; y fue en un tono bastante negro y pesimista en cuanto a lo que se ha perdido y a cómo los científicos están cada vez más tecnificados y se intenta trasladar su tecnificación también a las Facultades de Letras. No discuto la veracidad del análisis de la crisis de las humanidades y de la sociedad en general. Pero no vamos a arreglarlo recordando viejas batallitas de cuando los eminentes catedráticos de la conferencia estudiaban DE VERDAD sus respectivas carreras humanistas. Tampoco voy a demonizar Internet, por mucha Wikipedia que usen los alumnos, porque frente a posturas más o menos derrotistas, conozco a un joven bloguero de Secundaria que no duda en leer blogs de divulgación de talla XXL en física, química, matemáticas y que se aprendió sin obligación la tabla periódica, y que se interesó enormemente por mi lista de libros leídos en 2012, que no eran precisamente de ciencia, sino que incluían a clásicos como Shakespeare, Chesterton, Lewis, Dostoievsky, y poetas españoles actuales y de la generación del 27 y del 98. Puede que no todos los jóvenes sean como él, pero el hecho de que haya uno solo que sea así, ya resulta esperanzador.

Me puso nerviosa la actitud negativa del personal, porque entiendo que sí, que efectivamente hay un problema gordo, pero que no sirve de nada echar las culpas a los científicos, a los gobernantes o a los burócratas. No. Hay que proponer soluciones que empiecen por uno mismo. Por supuesto que una conferencia es un buen punto de partida: a mí me dio muchas ideas, como la importancia de leer los clásicos en su idioma. Y quizá ya que en este mundo globalizado se valoran tanto los conocimientos en idiomas estaría bien que el inglés nos permitiera leer a Dickens y Shakespeare, el francés a Bobin y Dumas, el alemán a mi querido Alberto Magno o por qué no al matemático Gödel... Y llegados a este punto, recordé una conferencia vista en diferido que me pareció más acorde con mis ideales (y que tenéis que ver obligatoriamente): Pedro Miguel Etxenique recomendaba para la creatividad del científico leer los primeros artículos de grandes como Einstein, Lawrence, etc. El punto medio y clave está entre ambos, porque como decía Snow no solo es inculto quien no conoce el autor de una obra literaria e histórica sino también aquel que no sabe explicar la segunda ley de la termodinámica. Queridos humanistas, hay que ponerse las pilas con la ciencia; queridos científicos, hay que valorar las humanidades.

Con lo que mi conclusión final queda en que hay que leer hasta perder el conocimiento. Fomentar la lectura en niños, que luego serán jóvenes y adultos. Aprovechar las facilidades de este mundo globalizado para acceder a documentos originales escaneados y aprender de aquello que nos interese. O montar iniciativas como esta. ¿Qué opináis?

lunes, 6 de mayo de 2013

Participaciones de la V Edición del Carnaval de Humanidades

4. C de 'CHON' por  en El Correo de Burgos
10. Así se las gasta, nutricionalmente hablando, EDUCAFARM por @2qblog en Bitácora de un profesor de ciencias
11. Bach week por Ana en Cajón desastre
12. El psicópara, ¿nace o se hace? por @aitor_santis en Abaritzeta
13. La influencia de la mitología en la ciencia (12ª parte): Selene por @DaniEPAP en Ese punto azul pálido (Pale Blue Dot)