jueves, 17 de abril de 2014

La muerte

La muerte es la ausencia, y cómo duele… Tanto que cuesta hablar de ella.

El profesor de filosofía nos hizo leer Una pena en observación de C. S. Lewis. Me costó, no creas…, es un hombre al que se le muere la mujer y sus reflexiones. Pero te paras a pensar y es un trabajazo. Flipas cómo empieza el libro hablando de que nadie le explicó nunca que la muerte de un ser querido se parece más al miedo que a la tristeza. Bueno, todo lo que vaya a decir yo, ya lo dijo Lewis y él era profesor y no sé cuantas cosas más, así que…

Rodri era uno de los enfermos de mi planta. Parecía un crío pero me he enterado de que tenía alrededor de los cuarenta años. No hablaba: hacía ruiditos con la boca, y se balanceaba de un lado a otro. También se miraba fijamente la mano y movía los deditos. Si te acercabas a él, le hablabas, te rechazaba. A veces hasta te tiraba de los pelos, o te arañaba, o te pegaba al agitar los brazos y gritar. Y aún así creo que ejercía cierta fascinación sobre mí. Si no, no me explico lo que ha pasado.

Quizá es porque al dar de comer al señor Carlos, lo tenía al lado, en la misma mesa. Y al hablar con los otros, me sentía mal si no le dirigía la palabra. Claro que nunca parecía escucharme, pero una vez pasó algo raro, de esas cosas que solo me pasan aquí. Después de saludarle, y de irle hablando, cuando acabé de ayudar al señor Carlos, y estaba recogiendo bandejas y esas cosas, le dije:

-         - ¿Vamos, Rodri?

¡Y se levantó y vino conmigo de la mano! Solo fue una vez, nunca más pasó nada. Una vez me dio con las manos. Otra me arañó para que le soltara. También vi que se tiraba al suelo para que la Hermana le dejara. Quién lo hace de vicio es Blas, que ahora también está enfermo y en cama. Le daba de comer, y Rodri ni le chistaba, y como se atreviera a chistar, le daba un grito de aviso, y Rodri se comportaba. Eran una pareja sorprendente, porque se ve que Blas tiene retraso: en la cara, en la forma de hablar, y sin embargo, ahí estaba con su manera característica de agarrar la cuchara y metérsela a Rodri. Con determinación pero con firmeza. Acababan antes que yo con el señor Carlos. No sé, nunca me cansaba de mirarlos.

Pasó el verano. Yo estuve en la playa, y hasta que no empezó el curso no volví por el Cottolengo. Entonces me enteré de que Rodri había muerto el día anterior. Qué palo más grande. Los enfermos de mi planta estaban tristones. Incluso los que peor están que parece que no se enteran de nada…, esos también tenían caras largas: ¿se daban cuenta? Ver su hueco, su silla en la mesa, es duro. Muy duro. Cuánto duele tu ausencia, Rodri. ¿Cómo podías llenar tanto siendo tan pequeñito? Te echo de menos, Rodri. Todos te echamos de menos. Aunque en tu sitio haya otra persona, aunque Blas ahora ayude a otros, aunque todos requieran toda mi atención cuando voy de voluntario, que sepas Rodri, que te echo de menos. Me da miedo decir lo que voy a decir (debo de estar zumbado del todo), pero te envidio, Rodri: cómo hiciste tanto sin siquiera saberlo, cómo se nota que no estás aún cuando no siempre estuviera hablando contigo. Ahora es Blas quién está mal. Parece mentira que en tan poco tiempo me hayáis cambiado tanto y que os necesite tanto. 
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(Este relato forma parte de la serie de Cuitas de un desdichado voluntario)

sábado, 12 de abril de 2014

Exilio (variaciones del mismo tema)

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Pensé que ya había pasado
bastante tiempo, que ya era
hora de dejar el luto y mis
reticencias. Podía cambiar
el estado de whatsapp,
borrar viejos números,
olvidar malos tragos.

¡Oh, mundo 2.0, global,
interconectado, te maldigo,
ojalá fuera más sencillo
perderse en una selva
amazónica para siempre!

Pero, supongo que aún
en el espacio exterior,
más allá de nuestra galaxia,
seguiríais enviando e-mails,
que por muchos filtros que
aplique, y aunque viviera
en un universo paralelo,
no sé cómo, alguno llegaría.

Para desesperarme,
destruirme, acribillarme.
Si no me encontráis a mí,
encontraréis a quien me
encuentre… Si no puedo
desaparecer yo, ¿cómo
volver invisibles a todos
a los que tienen un pedazo
viviente de mi corazón?

¿No basta destrozar por una vez, 
que tenéis que localizar a cada
uno de esos pedazos
esparcidos por esta tierra
nuestra? 

A todos vosotros,
os digo: el espíritu no muere,
la letra permanece, y no se
enciende un candil para
guardarlo bajo la mesa…,
lo que dijimos al oído
se escuchará en los terrados.

Y además de todo esto,
una última cosa: aunque
parezca vulnerable,
tengo la voluntad de
hierro, y si digo que
no quiero hablaros,
no lo haré. Ahora digo
que no volveréis a
hacerme daño, y así
se hará. 

Vuestros
esfuerzos son inútiles,
por si por economía
de energías, los queréis
invertir en otra cosa
(menos malvada y más
productiva). 

Por último,
no olvidéis que los hijos
de las tinieblas son más
astutos…, es decir:
todavía puedo venceros, no
os confiéis ni me subestiméis.

Gracias

jueves, 3 de abril de 2014

Hedor

Lo que más me cuesta es el olor a enfermo. A veces te inclinas para dar de comer, y te viene una ráfaga de… No lo voy a describir. Muchos llevan pañal y a veces se hacen todo encima. Otras veces es otro tipo de olor, que incluso me resulta aún más asqueroso. No me siento orgulloso de esto, todo lo contrario: sé que se me tiene que notar en la cara que no estoy a gusto, por mucho que me esfuerce en ocultarlo y en no discriminar a los que a mi juicio huelen peor. Intento mostrarme más sonriente y más cariñoso, supongo que porque me siento culpable de querer alejarme a la otra punta del mundo.

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Y sé que están limpios. Solo hace falta ver la organización que tienen montada: como una cadena de montaje, que permite hacer las cosas más fácilmente y con higiene. Los voluntarios se integran en esa cadena. Conste que son imprescindibles en cierta manera…, los días de fiesta que van menos, se nota que las Hermanas tienen menos ayuda, y que se acaba más tarde el turno de comida. Pero me estoy despistando. Estaba contando que sé que están limpios, porque he ido un par de veces en horario de tarde-noche, y he puesto pañales y pijamas. O sea que sé de primera mano cómo se cuida al enfermo (su intimidad en el baño) y la ropa que se echa a lavar. Puedo hacerme el héroe diciendo que he cambiado pañales a personas de la edad de mi abuelo o de mis padres; pero eso no sería del todo verdad. Quiero decir, que no ha sido para tanto. Que yo contenía el aliento para no oler y porque estaba nervioso y me sentía torpe intentando ponerle un pañal a un adulto; pero no ha sido la vez que he pasado más asco. Me supone mucho más dar de comer a alguno de los que apestan, que cambiarles un pañal. A ver si lo piensas en frío creo que todos elegiríamos la comida al baño; pero cuando lo haces: bueno, al menos a mí me cuesta menos. Debemos tener ahí una serie de prejuicios culturales o como se llamen, pero luego no es para tanto.

El olor es limitante. ¿Alguna vez has entrado en un comedor de niños? Huele a la vez a comida machacada, plastilina y niño junto? Repugnante. O a mí me lo parece. Y eso es más o menos lo que pasa en el Cottolengo, solo que en mi planta son personas mayores. Se junta el olor del puré, con el olor corporal de ellos, y algo así como el olor de hospital. Soy muy malo en reconocer olores…, solo me doy cuenta de ellos cuando me molestan. Pero también a veces identifico lugares con su olor: hay rincones que me huelen a la primera casa en la que viví; o cosas así. Hay un olor de bienvenida al Cottolengo, que no me huele mal. Me indica que he llegado a un sitio conocido y querido. Mi planta también tiene un olor especial, y ya no me desagrada. Salvo que tenga mal el estómago, que una vez me pasó que ya solo el olor del puré mezclado con… lo que fuera, me dio unas arcadas bestiales, y me tuve que ir. Gajes del oficio se llaman. Solo ha sido una vez. Suele ser soportable.

(Este relato forma parte de la serie de Cuitas de un desdichado voluntario)

viernes, 28 de marzo de 2014

A mi maestro, Luis Moreno

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Luis siempre habla de Bernardo Herradón como su maestro, y yo estoy de acuerdo en que Bernardo es todo un referente de la divulgación química en España. Pero yo conocí antes a Luis Moreno, que a Bernardo; así que espero que me perdone que le aplique a él mismo esta palabra. Me enseñaron que es de bien nacido, ser agradecido...

Con la que se montó (y con razón) cuando Sergio L. Palacios cerró Física en la Ciencia Ficción Plus, yo quiero liarla a mi manera en la despedida de Luis. Así que reconozco que la XV Edición del Carnaval de Química resultó ser un punto de inflexión en mi trayectoria bloguera, y si no me lo hubiera tropezado de casualidad, ustedes (la mayoría de ustedes) no estarían leyendo estas líneas. En esa distopía, yo sería una bloguera anodina, con mucha curiosidad (eso sí) pero que usa un blog para desahogar lo que lleva dentro: que abarcaba (y sigue abarcando) desde la química, a la ciencia, los libros que leo,..., y ya está. Podría aparecer fugazmente en el buscador de Google, según qué temas tratase; pero ahí se habría quedado la historia.

En cambio, llegué a El Cuaderno de Calpurnia Tate el último día del Carnaval, participé de prisa y corriendo publicando uno de mis trabajos del máster, y me puse a investigar el Carnaval y los participantes (todos acabaron en mi blogroll). Empecé a leer las entradas del blog de Luis y me dejé contagiar por la ilusión que transmitían sus posts, por su estilo divulgativo, por esa mirada de químico tan especial que tiene. A base de intercambiar comentarios, me fui haciendo una idea de la calidad de persona que tiene, porque aunque él tenga sus opiniones y sus experiencias vitales, nunca trata de imponer su punto de vista, sino que tiene un respeto inmenso hacia todos. Bueno, salvo la honrosa excepción de los quimifóbicos, jeje. Pero estoy segura de que si un quimifóbico comentara en el blog de Luis con alguna afirmación carente de sentido, nunca se encontraría con una burla ni con un insulto, sino con una explicación razonada y respetuosa. Porque incluso cuando yo comentaba en sus posts más puristas (¡el NaCl no es una molécula! XD) diciendo que me parecía excesivo el rigor, Luis contra-argumentaba con cariño y respeto.

Durante estos casi dos años, me he ido nutriendo a base de su blog y de sus tuits: las personas a quién él seguía tenían muchos votos para que yo empezara a estar pendiente de sus cuentas (y por su buen criterio he conocido a @profedeciencia, @ikutram, y tantos y tantos que no cabrían por aquí). Impresionada de encontrar a un químico interesado por el teatro, por la historia,..., le confié el embrión de proyecto que era por aquel entonces el Carnaval de Humanidades, Luis sacó tiempo de dónde no lo había para participar en las dos primeras ediciones, y se encargó de organizar la III. Me gusta pensar que el Carnaval despegó en buena parte gracias a la emoción contagiosa de Luis Moreno, y yo casi me vuelvo loca para difundir las más de 50 entradas que se me iban acumulando por leer en esa prolífica edición...

He seguido de cerca (o al menos se ha intentado) todos los proyectos que ha emprendido, ya fueran nuevas secciones de su blog, programas de radio, Anales de la Química, porque a estas alturas yo ya tenía claro que pegada a su estela (huy, esto queda un poco cursi XD) se aprendía bien y rápido.

Por eso, y por todo lo que ahora quizá no se me ocurre, moles y moles de gracias como le gustan a él. Estoy convencida de que triunfará en aquello que se proponga, y que eso será bueno también para la sociedad, así que mucho ánimo, campeón. Y ya que quieres quedarte con lo mejor; quédate con que, en este breve tiempo, has impulsado a que una elementa explotara su radiactividad en favor de la divulgación de la química.

Sobredosis de agua (en Naukas)

Traigan un par de baldes y un embudo. El embudo era el que utilizaba el cantinero para echar vino en las botas, una pieza maciza con una embocadura lo bastante ancha para llenar por completo la boca del indio.
- ¿Quieres confesar?- preguntó por última vez Brien-. Te evitarás una tortura inútil, que no serás capaz de resistir.
(Los tigres de Malasia de Emilio Salgari)
Sí estos tiernos libros, y los demás de Salgari son los que devoraba en mi infancia… El pasaje que acabo de citar se me quedó grabado a fuego, digo… a agua: cómo ataban al prisionero y mediante el embudo le hacían beber litros de agua hasta que se le hinchaba el estómago y confesaba.
Esta tortura no mata si se suspende a tiempo; ese hombre estará mañana tan bien como usted y como yo. Que lo lleven a su camarote y lo dejen dormir.
Sigue leyendo en Naukas
Referencias
Milroy, C., Clark, J., & Forrest, A. (1996). Pathology of deaths associated with "ecstasy" and "eve" misuse. Journal of Clinical Pathology, 49 (2), 149-153 DOI: 10.1136/jcp.49.2.149

Cook TM (1996). Cerebral oedema after MDMA ("ecstasy") and unrestricted water intake. Values for plasma osmolality may have been wrong. BMJ (Clinical research ed.), 313 (7058) PMID: 8811775

martes, 25 de marzo de 2014

Hemos apoyado crowfundings por encima de nuestras posibilidades: ¿Vicio o pasión? ¡Crónica congelada de Desgranando Ciencia!

A lo largo de estos meses, he leído gran cantidad de crónicas de lo que fue Desgranando Ciencia, y aunque de primeras parezca extraño, el sentimiento que predomina en mí es de vergüenza. Seguro que ya habéis leído en varios sitios, la panzada de trabajar que supuso para el sector granadino y divulgador, y para el personal de Hablando de Ciencia implicado. En cambio, aquí la señorita Ununcuadio, hizo poco más que apuntarse al menú. Así que: vaya por delante que estoy inmensamente agradecida a todos los que se dejaron la piel y su tiempo libre (y no tan libre) por hacer realidad el eventazo de Desgranando Ciencia.

Ya digo, en mi caso, me enteré a través de la lista de correo de Hablando de Ciencia. Se quedó esperando a que sacara un rato para enterarme de los detalles y curiosear por la plataforma de Lánzanos. ¡Y aquello tenía una pinta extraordinaria! De repente, deseaba que Granada no estuviera en la otra punta del mapa español…, y me fui a mi Google Calendar a consultar las fechas: ¡fin de semana! Así que sobre la marcha, lo hice todo: participé en el crowfunding, hice propaganda tuitera, y me busqué medio de transporte para ir a Granada en diciembre. Era tan, tan apetecible, que era un proyecto que tenía que salir sí o sí. Y salió. No por lo que yo hiciera o dejara de hacer, realmente me quito el sombrero ante Luis Fontana, Carmen Robles y demás gente que no pararon de insistir día tras día.

Luego, a través de la misma lista de Hablando de Ciencia, pidieron voluntarios para los talleres; y yo dije que estaba a su disposición para el que hiciera más falta, siempre que me facilitaran material porque hay temas que tengo más oxidados que otros. Por ejemplo, la genética. Me tocó el taller “De tal palo, tal astilla” y del dossier que mandó Óscar Huertas, tuve que buscar dos de cada tres palabras en Google. Así que lo primero que hizo Desgranando Ciencia por mí, fue ampliar mi vocabulario, y un repaso de las leyes mendelianas.

Engañé a mi hermana (Ununpentium, para los amigos), y sobre todo engañé a mi madre para que dejara venir a mi hermana. Uup llegó a Barcelona el viernes 13 a las 18:40. Estuvimos en Sants hasta las 22:00 que salía el tren hotel. Después de encontrar el “camarote de los hermanos Marx” y aposentarnos en nuestras camas, yo caí en un profundo sueño hasta que amanecí en las cercanías de Granada. Ningún beso de príncipe azul, ni mucho menos la llegada a las tantas de una compi de camarote un poquito alegre ni los esfuerzos de mi hermana y la chica china que también dormía allí por abrirle el cerrojo y la puerta, hubieran conseguido despertarme.

¡Granada! Y mi hermana se asoma a la ventana y me dice: “Hace buen tiempo, porque ahí va uno en chanclas”. Nos cogemos un taxi al Parque de las Ciencias, yo estoy cada vez más nerviosa de la emoción. Mi hermana tiene pinta de cansada, creo que no ha descansado tan profundamente como yo. Aparecemos ahí, y Víctor Pascual del Olmo nos recibe cordialmente. De repente he entrado en una especie de universo paralelo en el que si me presento como Dolores nadie sabe quién soy, pero si digo que soy Ununcuadio la gente me saluda cariñosamente. Desvirtualizo a Leti que es mi jefa de talleres; a Rosa; a Carmen Robles; a Sergio (“Ununcuadio, tú tuitea todo lo que puedas, ¿vale?”); a Rubén (que es más alto de lo que se ve en los documentales); a Santi; a Mulet; a Víctor Tagua; a José Luis (a quien no era capaz de adivinar cuál era su blog y su nick), a Aníbal. Mi hermana se convirtió en voluntaria y consiguió su propia camiseta de Tesla (estaba orgullosísima).
@KarmaROVA nos sacó esta foto a Leti y a mí. ¿Se me nota que no me gustan las fotos? xDDD

Empezó el evento. Estuve en la charla de Mulet y en la de Rosa, pero luego nos tuvimos que salir, porque empezaban los talleres; y ya había hordas de niños con sus padres esperando la apertura. Como coordinadora de talleres estuve paseándome, y es que era una delicia ver a los alumnos de Jorge enseñando ciencia; a los niños haciendo cola para extraerse su ADN de la saliva, para mirar por un microscopio… Mención aparte merece el taller de dibujo que esa mañana gestionaron @biogeocarlos y Germán Tortosa: niños sentados en el suelo, apoyados en bancos, y dibujando sin parar, atentos a todo lo que les iban explicando. Mi taller tenía menos quórum pero es que estaba difícil competir con “fabrica tu propio fósil”, pero de vez en cuando les explicábamos de qué progenitor habían heredado el mentón o las orejas.
Foto de Manuel Caballero Cid
Pude escaparme a ver el estreno del documental de “Granada, mil años de ciencia”, documental que si aún no has visto, ESTE es el momento para que lo hagas:



 y de paso pude desvirtualizar al zombi de Schrödinger que tuiteaba discretamente. Cuando cerramos los talleres, todavía pude asistir a alguna charla, la de Rubén, la de Miguel Botella, y la de Víctor Tagua. Después del breve parón de la comida, y de perdernos con José Luis por el interior del Parque de las Ciencias, volvimos de nuevo a los talleres. Ya había niños ansiosos de recoger los fósiles que habían hecho por la mañana, y en general, esperando para entrar al recinto de los talleres. A la vez seguía el programa de conferencias breves y de espectáculos. Yo solo llegué a la que me pareció la mejor charla de divulgación en la que he estado nunca: porque José Manuel Vidal habló con tanta pasión sobre las hormigas que consiguió que yo, que odio los “bichitos” y que las hormigas me importan menos…que ellas mismas, vibrara y me apasionara con lo que me estaba contando. Impresionante: necesito hacer un análisis de esta genial emboscada científica. También estuve en la charla de Cristina González; y asistimos impresionadas al excelente espectáculo rompe- y dobla-cucharas de Juan Soler. Mi hermana volvió a casa de mi madre diciendo: “¿me dejas una cuchara para practicar a romperla?” Mi madre debió de darle un hipogrito huracanado y acordarse de todos mis antepasados…
Juan Soler no solo rompía cucharas: también se apagaba cigarrillos en la mano para explicar el "truco" de caminar por las brasas o el fuego
Nos fuimos a cenar a un bar, y a pesar de que nos empleamos a fondo con las Coca-Cola (si no me creéis, tenéis el testimonio videográfico de @pakozoic), el cansancio acumulado empezaba a hacernos mella y la información del exterior tardaba en penetrar a nuestros cansados y científicos cerebritos. No en vano nos habíamos marcado más de 800 km de viaje. Por cierto, que estuve sentada en la misma mesa con @darksapiens, pero no fui consciente hasta algunas horas después; gajes del oficio, y de tener varias identidades xDD Así que Rubén, Leti, el chico de las chanclas (sí, venía desde Valencia en nuestro mismo tren calzado con unas chanclas en pleno diciembre granadino y fue la primera persona que vio mi hermana al llegar a Granada y asomarse a la ventana. ¿Casualidad o causalidad? xDD) se estuvieron riendo de la expresión de mi cara, y llegó un punto en que Rubén preguntó: “Solo una cosa… ¿Os compensa el viaje que os habéis pegado para venir a esto?” (¡ey!, que conste que Rubén era uno de los activos organizadores del evento). “¡Pues claro que me compensa!” ¿Cómo no me van a compensar todos estos momentos impagables pasados con gente de la que no conozco apenas su nombre real, pero con la que tengo más en común que con mis amigos de Barcelona, mis compañeros de trabajo o mi familia? ¿Dónde más podríamos comparar quién lleva una camiseta más friki, reírnos del pollosaurio, o cuando mi hermana dijo que entraba en modo zombi (por el agotamiento) y Jorge le contestó: prueba a ver, ¿me darías un mordisco en la mano?? No, está claro, que fueron dos días agotadoramente satisfactorios y que no los cambiaría por todo el oro del mundo. Puedo asegurar que fue el crowfunding más disfrutado de la historia; y debería existir una mención oficial que lo atestigüe. Me gustó mi visita a ese universo paralelo en el que la gente me conocía por comentar asiduamente en sus blogs, o porque he bombardeado la sección de Pregunta a HdC con las preguntas más absurdas y rebuscadas. Es divertido entrar a ver cómo la gente te ha percibido durante ese tiempo virtual xDD
Cuando estuve en la misma mesa que @darksapiens y no lo sabía :P
Algunos tenían marcha para seguir de juerga; pero muchos nos retiramos ya, que al día siguiente tocaba madrugar y vuelta a empezar el lío. Aunque yo estaba de capo de los talleres, he de reconocer que la tentación de estar tan pegada al auditorio fue demasiado fuerte, y me escapé a las charlas de @biogeocarlos (imborrable ver a Spiderman como un arácnido de verdad), el doctor Litos, Gerardo. La charla de Óscar fue el cierre más bonito para las jornadas. Nos dio una conferencia de difícil clasificación en la que supo mostrar el lado más humano de la ciencia y la educación. Todavía me estremezco si recuerdo su charla, y cómo nos pusimos de pie y aplaudimos a rabiar, y mi hermana diciéndome: “¡Qué bien habla!”

Recogimos los bártulos de los talleres y carteles, y nos fuimos a comer a un Wok. Muchas risas en aquella hilera inmensa de mesas llenas de buena gente. Después del café, la gente empezó a irse, pero nos quedamos con un grupito de granadinos que se empeñó en que visitáramos al menos algo de Granada (más allá del Parque de las Ciencias), y nos llevaron de paseo hasta la hora del tren. A todos: ¡infinitas gracias! Por la acogida, por el cariño, por el esfuerzo, por todo.
Última comida de Desgranando Ciencia :( en el Wok 
A nosotras todavía nos quedaba otro viaje de 12 horas aproximadamente (yo dormí como un bebé), y a Uup cuatro horas más hasta Pamplona. Para terminar mi experiencia paranormal y surrealista de fin de semana, yo me fui directamente de Sants al trabajo, que tenía unos experimentos importantes planeados (la ciencia es una amante muy exigente xDD). Lo dicho: Rubén y todos: SÍ merece la pena. Como se dijo en algún momento, si del evento salía una única persona que se planteara estudiar ciencias o al menos interesarse más por ella, valdría la pena semejante despliegue de medios y de mano obrera voluntaria. Pues bien, además de eso, para mí son un montón de recuerdos: mi primera experiencia de desvirtualización a lo bestia, conocer a personas interesantes (@elprofedefisica, @hijodelprofe, @EugenioManuel,…, no sé si me dejo alguno), debatir de temas interesantes, no sé pasárselo bien de una manera brutal. Eso fue para mí Desgranando Ciencia, aunque Víctor Tagua no explotara sandías con nitrógeno líquido xDD

jueves, 20 de marzo de 2014

Mi encuentro con Marina

La Hermana me ha nombrado el encargado de bajar a por el carro de comida a la cocina. Siempre que aparezco por la planta, está implícita en su mirada que a la hora prevista, no se lo pedirá a ningún otro, y bajaré yo a buscarlo. Además, ya tengo pillado el truco, no solo para mover el mamotreto ese de carro, sino de los horarios de ascensor. Porque más o menos, la comida es en todas las plantas a la vez, así que hay overbooking y puedes estar esperando al ascensor tranquilamente 10 minutos largos… Otras veces cuando se abre en tu planta viene con otro carro y no cabes, vaya, que hay que saber elegir bien bien el momento.

Yo no he estado en la planta de niños. Y tampoco quiero estar. Bastante duro me parece ya ver a mis enfermos de mi planta…, como para añadir que en vez de adultos sean niños. Se me encoge el estómago, el corazón y todas las vísceras. Sheila sí que ha estado, y me invita a que me pase aunque sea solo a echar un vistazo, pero yo me niego: hay cosas que son superiores a mis fuerzas.
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Pero me pasó que yendo a por la comida, llegó el ascensor y dentro ya había dos personas. Una empleada con el uniforme blanco, y una niña guapísima: morena, pequeñita, de ojos muy grandes. Yo di los buenos días, y me apoyé en la pared, con esa postura que Sheila dice que es tan típica de mí. El caso es que la niña que me miraba fijamente, se puso a mi lado e hizo lo mismo que yo. Y me hizo gracia, le sonreí. Ella no sonreía, me seguía mirando. Llegamos a la planta de la cocina, y la empleada la llamó:

-        -   Marina, ¡ven!

Pero Marina en vez de ir con ella, se me agarró de la mano. Fue cuando fui consciente de que Marina era una niña enferma: por la forma de caminar (siempre se les nota por la forma de caminar). Vale, no hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que tenía que ser alguien enfermo, pero hasta ese momento no me di cuenta. No sé, fue una mezcla de sentimientos: de compasión infinita, de orgullo igual de infinito porque hubiera elegido mi mano, de que se me atragantara el por qué hay enfermedades así en el mundo, de rabia e impotencia de no poder hacer nada más que darle la mano.

Al llegar a la cocina, Marina se deshizo de mí literalmente. Parecía que yo la retenía contra su voluntad y que tuviera que revolverse para que yo le soltara la mano. Dejé de existir para ella que se fue con la empleada y su carro. No volvió a mirarme.

Me las encontré por última vez cuando metían el carro en el ascensor. Le dije:

-        -  ¡Adiós Marina!

La empleada dijo:

-          - Marina, di adiós…


Marina no dijo nada, ni hizo nada mientras se cerraba la puerta del ascensor.

(Este relato forma parte de la serie de Cuitas de un desdichado voluntario)