jueves, 6 de diciembre de 2012

1. La noche oscura del alma


Pensaba sacar esta serie en noviembre, pero el Carnaval de Tecnología, y demás cuestiones vitales, no me dio la vida... Espero continuarla y que os guste...
(Vía)

     
- ¡Nunca!- pegó con su enorme mano un puñetazo sobre la mesa- ¡Se trata de un Bollstädt! Nuestra familia siempre ha empuñado las armas, nunca hemos sido unos mendigos- rugió el conde- ¡Qué se ha creído ese mocoso imberbe!

-          Cálmate, te lo ruego, has de respetar lo que…

-          ¡Respetar! ¡Él es quien me debe respeto como padre suyo que soy! ¡Él es quien debe respetar su rango y su destino! ¿Acaso no ha recibido el mismo nombre que mi padre? ¿El nombre que llevan todos los primogénitos del castillo de Lauingen? ¡Que haga brillar a esta familia, ése es su destino y no otro, que gane honores en batallas, que tome mujer y tenga un hijo a quien ponerle Alberto…! ¡No! Te juro que esto no va a quedar así, parto ahora mismo y nadie podrá detenerme, traeré a ese muchacho y lo haré entrar en razón, ¡como que soy el conde Alberto Bollstädt! Manda que preparen los caballos para emprender viaje a Padua inmediatamente. Nadie se interpondrá en mi camino.
(Vía)

-          Señor, escuchadme… No podéis cambiar los designios del Señor.

-          ¿Y qué tiene que ver Dios con todo esto? ¡Sentido común es lo que le falta a mi hijo! Tanto aprender y estudiar le ha enturbiado la mente… No debí permitir que se fuera con su tío, sé de sobra que el estudio entorpece los músculos y embota la cabeza, ¡como a ese botarate que lleva mi nombre! ¡Los caballos, parto esta noche!

-          Si me escucharas…, sabes que tu hijo nunca ha sido religioso, no más que tú, señor conde…, si tiene esas ideas será porque Dios…

-          ¡Y un cuerno! ¡Ni Dios ni el Santo Padre ni el Emperador! Ha escuchado a esos frailes locos, y ha tenido una corazonada absurda… Y, en vez de pedir consejo a su padre y a los que le conocemos, ¡se va al convento!

-          Yo ya no estoy segura de conocer a Alberto, señor. Antes no habría sido capaz de haceros ninguna afrenta.

-          ¡Te lo estoy explicando! Los jóvenes son impulsivos y de tanto darle a la cabeza, ha tenido una curiosa idea, ¡que no pienso consentir! Volverá al castillo conmigo, y servirá a Su Majestad imperial Federico II, y si persevera en querer ser monje, ¡yo no se lo impediré! Pero entonces ingresará en Montecasino, y será abad o lo que sea, ¡pero nada de andar mendigando como si fuera hijo de un cualquiera!
(Vía)

-          Señor, el viaje está preparado.

-          ¡Por fin! Partimos, adiós, traeré de vuelta a ese cabezota de Alberto.

El conde salió apresuradamente de la sala, seguido por un grupo de nobles que esperaban a la entrada. Su señora permaneció en la estancia, mientras el fuego de la chimenea se apagaba.

A muchas millas de distancia, alguien también contemplaba el fuego pensativamente. Los ojos se le entrecerraban porque debía estar cercana la medianoche, y desde que estaba en el convento madrugaba mucho. Se inclinaba ligeramente en la silla de la que le colgaban los pies, pero antes de deslizarse hasta el suelo se despertaba bruscamente. Era una estancia grande y fría ya que la lumbre no alcanzaba a calentar entera. Finalmente se quedó dormido en un ángulo incómodo, medio apoyado en el borde de la repisa. Al cabo de un rato, entraron dos figuras oscuras y una se aproximó a la silla y sacudió al dormido.

-          Vamos- susurró- es ya hora de partir. Todo está listo.

Se levantó tambaleándose, y se envolvió en el manto negro que le tendían. Siguió a los otros dos por el pasillo hasta donde les esperaba el Maestro General.

-          Arrodillaos.

El suelo estaba helado, y no pudo reprimir un escalofrío.

-          Dominus sit in viam vestram, in nomine Patri, et Filio et Spiritu Sancto.

Las figuras embozadas se santiguaron con prisas.

-          Vade in pace.

Las últimas palabras resonaron en la piedra, y parecía que quedaron grabadas en la bóveda del cielo. Tiempo más tarde, Alberto apenas recordaría aquella noche eterna, en que caminaba a paso marcial entre las dos figuras de los monjes, que le enderezaban cuando se dormía de pie. Miraba a las estrellas, recordaba que no había luna, y escuchaba muy dentro el eco de “Vade in pace”, pace, pace, pace, ¿qué pace? “Tantum elevatur viae meae a viis vestris” Sabía que su familia no había entendido la decisión, que habían decidido sacarle a la fuerza del convento…  Por eso viajaban a otro sitio, todavía no le habían dicho adónde. ¿Por qué? Él no había querido causar sufrimiento a nadie, y menos a sus queridos padres o a su tío de Padua. ¿No entendían…? “Tibiae lusimus et non saltastis…” Pero él tampoco lo entendía. Había conocido en la plaza mayor a Jordán de Sajonia, y le había seguido junto a otros muchachos. “Ubi moras, Magister?” Se habían quedado con él, habían entrado en el convento, y se habían unido al rezo de los Salmos y a la vida religiosa sin apenas preguntar. La nueva había llegado hasta el castillo de Lauingen. “Filius autem hominis non habet ubi caput reclinet”, empezaba  su éxodo, siguiendo a los otros dos que apenas hablaban, les veía preocupados cuando mendigaban un lugar para dormir o algo de comer, temerosos de que alguien les detuviera. Dormían poco, comían poco y siempre caminaban, “vade in pace”. 
(Vía)

9 comentarios:

  1. San Alberto Magno de Bollstädt, Era vecino mío, su casa me queda a media hora, XD. Si vas a contar la historia de este monje -"científico"... te queda mucha tela... pero desde luego, has empezado fuerte. OLÉ

    Un saludo.

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    1. jajaja, pues tienes pendiente sacarte una foto con "We <3 Jindetrés" xD.
      La idea de escribir es que apenas hay información en la red, y no encuentro un libro de su vida (cuando investigaba para publicar el 15 de noviembre), no sé en qué acabará esto, pero me alegra mucho que te guste!
      Un saludo!

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  2. Me alegra mucho ver que alguien más se lanza al noble arte de divulgar y enseñar por medio de historias, parece mentira que sea tan poco frecuente con la de blogs y más blogs que hay que se parecen en temática y estilo, que la gente se lance a hacer este tipo de alternativas.

    Pues como yo soy un inculto, y lo digo en serio, no caía en qué personaje histórico se estaba retratando hasta que no he leído el comentario de Banchsinger. La idea de utilizarlo para mostrar una conciliación entre ciencia y religión (no sé si será la intención, iremos viendo, jeje) me parece muy buena y seguro que generará debate.

    Por lo demás, muy buena prosa y muy buena introducción; ansioso por leer la continuación!

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    1. jaja, me alegro de que te guste! Así hay más ganas de seguir! Y tranqui, que no quiero hablar de religión, lo que pasa es que hablar de la 'ciencia' de San Alberto sin introducción religiosa no podía :D

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  3. Muy buena introducción... me uno al resto de comentarios deseando leer la continuación!!!

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  4. Respuestas
    1. Por lo menos la segunda entrega ya casi está ;D

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¿Cómo terminar una historia?