lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Qué pasó después de la bomba del 30 de octubre?

(Buscador de Google: Edificio Central de la UN)

Para todos los que estuvimos en la Universidad ese día, o estamos más o menos relacionados con alguien de allí fue un día muy duro. Hasta averiguar que nadie (y por tanto ningún conocido) había resultado herido de gravedad, tuvimos que pasar por una falsa alarma que llevó a desalojar el Edificio de Ciencias, a los de Arquitectura, en cambio, se los retuvo en el Edificio porque como estaba rodeado del aparcamiento de coches se temía otra bomba. Los del Central y Bibliotecas fueron evacuados. Aunque era la hora del cambio de clases, no había nadie junto al coche bomba porque ese día llovía. Por casualidad, en las Oficinas de la pared donde estaba estacionado el auto no había nadie que resultara herido. La jornada se saldó con un gran susto y 28 heridos leves, por cortes donde la onda expansiva rompió los cristales de las ventanas.

(Buscador de Google: Última bomba de ETA en la UN)
Una semana más tarde, sin embargo, se produjo otro incidente no esperado. El Edificio Central (donde explosionó el artefacto) estaba en fase de reconstrucción, y los alumnos había podido volver a las clases que no habían sido directamente afectadas. La mayoría de las personas que estaban en el Central a lo largo del día empezaron a desarrollar síntomas como fiebre, vómitos, ronquera y sensación de ahogo. El Servicio de Urgencias de la Clínica Universidad de Navarra quedó colapsado esa tarde (doy fe de ello). Se hubo que habilitar cama para los que presentaban síntomas más agudos, que permanecieron de 24-48 horas en observación. A los de síntomas menos fuertes, se les trató y se les envió a casa, con la recomendación de que volvieran si notaban que algo no iba bien.

A los pocos días, mientras todavía se seguían investigando las causas de la intoxicación, apareció en el famoso Diario de Navarra una carta al director de una persona, relacionada con el ámbito de la minería, que decía que claramente aquello había sido una intoxicación por monóxido de carbono. Yo estaba en segundo de la Licenciatura de Química, y me enervé: ¿qué tenía que ver la llamada “muerte dulce” por asfixia con los síntomas de los intoxicados?

Las causas de la intoxicación no quedaron demasiado claras. A pesar de que se analizó el aire del Edificio Central no se encontraron sustancias en concentraciones elevadas como para dañar a los organismos vivos. Se estudiaron la cantidad de metales en la atmósfera, los gases oxidantes (derivados del calentamiento) y la combustión de espuma de poliuretano.
(Estructura desoxihemoglobina vía quimitube.com)

La hipótesis que no se demostró falsa (porque las demás sí que lo fueron) afirmaba que tras la explosión se produjo una bolsa de gases que se dispersó por el Edificio cuando comenzaron las obras de restauración, aunque antes de que regresaran los alumnos y el personal docente y no docente se llevaron a cabo tanto la ventilación como la determinación de que no existía peligro… Aunque no fue así…

(Zinc, vía buscador de Google)

Los técnicos señalaron la presencia de gases oxidantes como nitritos, nitratos, creosota, anilina y benceno, junto con la del zinc y que son habituales en galvanizados, pinturas y barnices. En pacientes se registró una considerable cantidad de metahemoglobina y carboxihemoglobina, pero los pacientes no presentaban cianosis. Respecto a la combustión de poliuretano, se determinó que los efectos habrían sido distintos a los detectados en las personas intoxicadas.


En los pacientes a los que se realizó seguimiento, se les encontró una elevada cantidad de zinc en la orina pero no en la sangre, aunque no la suficiente como para ser el único responsable de los efectos observados. Al final, se llegó a la conclusión de que habían sufrido una especie de fiebre del soldador.

Referencias


(Buscador de Google, soldador)


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