viernes, 3 de agosto de 2012

Desde el Sol a las auroras boreales

No se piensen que en la exposición de la NASA solo me dediqué a sacar fotos malas con el móvil... En realidad, aprendí mucho, pero como hay personas mucho más cualificadas en astronáutica, no me atrevía a lanzarme con un post. Si que se me ocurrían ideas acerca del entrenamiento de los astronautas y la bioquímica y fisiología del cuerpo humano que me reservo para después. Sin embargo, si que quiero hablarles de una (o varias) cosas... Tuve la suerte de ver allí un documental que trataba de las maravillas de nuestro Sistema Solar (o algo por el estilo). En realidad, solo vi parte del final, pero ya me dio qué pensar... Porque la última maravilla era nada más y nada menos que el Sol, esa estrella alrededor de la cual gira nuestro planeta y de la que recibimos luz y calor (y radiaciones no del todo positivas). 

El Sol es una estrella mediana. Una estrella es realmente un fenómeno muy curioso: se piensa que se formaron a raíz del Big Bang por acumulación de gases, pero nos introducen de lleno en lo que se ha nombrado como el cuarto estado de la materia. La materia, tal como la conocemos, puede ser sólida, líquida o gaseosa, o estar en forma de plasma. Hace poco mantuve en clase una discusión con el profesor acerca de cómo se define un líquido frente al gas. Me dijo algo así como que un líquido es aquello que tiene un índice de refracción tal que lleva a que nuestros órganos sensoriales visuales detecten una diferencia entre la superficie del líquido y del gas. Si es difícil definir qué es un líquido (aquí se podría hablar de qué son los cristales, por ejemplo, pero lo dejaremos para otra ocasión), imagínense el dichoso plasma.

El plasma sería un intermedio entre la fase líquida y gaseosa formada por iones. En las estrellas, el plasma empuja hacia dentro de la misma la propia masa, y en la superficie queda el plasma, dejándonos imágenes tan hermosas como esta.
(Vía)
En la superficie solar se pueden producir tormentas que provocan en la Tierra una perturbación en la magnetosfera (no nos olvidemos de que nuestro planeta tiene un núcleo metálico que lo convierte en un gigantesco imán): es una onda de choque que llega del Sol trayéndonos partículas normalmente en forma de iones. Se conoce que toda carga eléctrica en movimiento está asociada a un campo magnético, y los iones son átomos que han perdido o ganado dos electrones (es decir, ya no son neutros) y, por tanto, se sienten irresistiblemente atraídos por los polos del imán terrestre. Estos iones de nitrógeno, hidrógeno y oxígeno tienen distintos colores y mediante el fenómeno eléctrico-magnético que acabamos de explicar, más los fenómenos fotoluminiscentes producen un efecto tal que así:
(Vía)


Impresionante, ¿verdad? ¿Nunca te has preguntado por qué las auroras boreales tienen lugar solo en zonas polares? Precisamente porque vivimos sobre un gran imán. Aquí os dejo un vídeo que he encontrado en el magnífico blog de XDCiencia



Este post participa en el XVII Carnaval de Química alojado en el blog Un geólogo en apuros
http://www.ungeologoenapuros.es/wp-content/uploads/2012/07/carnaval-quimica.jpg

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